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¿Qué es SICAR?

Al observar el proceso de los candidatos que se acercan a la Comunidad, surge la necesidad de darles un signo que les ayudara a identificar el proceso que están realizando. Un signo que les ayudara a ver la importancia del paso que van a dar. Y en este sentido, ellos pudieran observar cosas tan importantes como: la propuesta evangélica de Jesús, la espiritualidad del Carmelo y las implicaciones que hay al decir sí a Jesús. Al combinar todos estos elementos en un solo símbolo que recogiera esta totalidad surge SI-CAR: sí al Carmelo.

Sicar es el pozo donde Jesús se encuentra con la samaritana (Jn 4, 7). Allí Él le dice: “dame de beber” y ella le responde: - “Pero ¿Cómo tú siendo judío me pides a mí agua, siendo yo samaritana?” A lo que Jesús adhiere: - “si supieras quién es el que te pide de beber le pedirías tú a Él”. Aquí Jesús le habla a ella del agua que no solo sacia la sed por un momento, sino que logra saciar su sed eternamente.

Este camino vocacional empieza con un SÍ. Sí es una palabra muy corta, dura un segundo en decirse, pero implica toda la vida. Nada más bastó un sí generoso de una mujer para que Dios salvara a toda la humanidad. Dios necesita solamente de tu sí generoso para que te dejes transformar y puedas llegar a la felicidad plena.

Sicar es un lugar periférico al cual acudió Jesús para hablar con esta mujer y calmar así su sed. Como Jesús acudió a esa periferia, también nosotros acudimos al pozo del desconsolado para dar de beber por medio de nuestro carisma y espiritualidad. Calmar la sed de Dios de todos aquellos que están deseosos de conocer la fuente del agua de la salvación.

Todos tenemos sed de Dios. Unos buscan calmar su sed en el mundo, otros en las cosas materiales o en la aprobación de los demás. Pero sin saber que esta fuente se halla dentro de nosotros, tiene un nombre y se llama Jesús. Él nos sacia para hacernos felices.

Cuando dices sí al Señor ya no puedes mirar atrás porque te sucedería lo mismo que al joven rico del evangelio, por mirar lo poco que dejó perdió al TODO de Dios que tenía ante sus ojos (Mc 10, 17-30). Cuando dices sí al Señor, todo sale bien, aunque tengas muchas preocupaciones y creas que has dejado mucho por Él, recuerda que Él nos prometió el ciento por uno (Mt 19, 29).

Y decimos sí a una familia religiosa en concreto: Sí al Carmelo. El carmelo es mística gracias al legado espiritual que nos han dejado nuestros padres Teresa de Jesús y Juan de la Cruz. Nosotros vivimos esta dimensión en nuestra relación filial con Jesús y con María en la vida de oración, en la vida fraterna y en la vida de trabajo.

El Carmelo es santidad porque supone un encuentro personal e íntimo con el amado. Es una invitación a entrar hasta la séptima morada del castillo de nuestro interior. Reconociéndonos a nosotros lo reconocemos a Él.

Carmelo es una familia. Aquí hay padres, madres, hermanos e hijos espirituales. Todos en fraternidad crecemos espiritual y humanamente hasta envejecer juntos.

No tengas miedo de vivir esta experiencia de saciar la sed del Señor y de que Jesús mismo sacie tu sed. Que esto suceda aquí en la familia del Carmelo. SICAR: Sí al Carmelo.